LUPE GONZÁLEZ

Profesora de Yoga, Mindfulness y Terapeuta

Me inicié en el Yoga por casualidad. Mi primera experiencia fue una sesión de relajación, con unos doce años de edad, que mi hermano “dirigió” cuando le regalaron un libro sobre Yoga.

Disfrutamos de esa sesión primos y primas y al terminar comentamos lo relajados que estábamos y como sentíamos el cuerpo “flotar”.

La segunda ocasión fue a los 25 años, mi madre se apuntó a clases de Yoga y quería que la acompañara porque las clases eran muy tarde y no quería volver sola a casa, la verdad, yo no estaba nada convencida, pero allá fui. La primera clase me encantó, no tenía nada que ver con la que yo “creía” y puedo decir que me enamoré en seguida del Yoga, me atrapó. Yo era de esas personas que decían que el Yoga no era para mí, que yo necesitaba actividades que fueran aeróbicas, intensas, activas… pero que el Yoga me parecía lento y aburrido… Aun me río al recordarlo, son esas bromas del universo, porque ahora es mi vida!!!

En los tres años siguientes, dejé mi trabajo fijo en una distribuidora de prensa y unas clases de aerobic que impartía y fue gracias a mi profesor de Yoga, que ahora me dedico a esto. Él se acercó un día y me dijo que tenía un grupo de personas que no podía atender y que quería contar conmigo para dar esas clases, asique ahí empezó mi andadura, primero de su mano y después a través de la formación con la escuela Sivananda. Y no he dejado de aprender, cursos y talleres relacionados con el mundo del Yoga, y sobre todo, lo que me permite crecer es la práctica, el compromiso con la práctica y la suerte que he tenido y tengo de poder compartirlo con lindas personitas que aún lo hacen todo más grande y enriquecedor.

Hace unos seis años alguien me habló del mindfulness, me interesó mucho. El por qué? tiene que ver con el poco compromiso que yo tenía con la meditación, sé que una clase de Yoga es una meditación en sí misma, pero la sentada?, el decidir sentarme para meditar me seguía pareciendo aburrido y una pérdida de tiempo. Recuerdo perfectamente esas primeras clases, donde el profesor decía “vamos a meditar…” UUFF, yo ya resoplaba de incomodidad. Cuando empecé a dedicarme a dar clases de Yoga, no me sentía bien conmigo misma teniendo esa parte sin practicar, sin el compromiso. Tenía clara la intención de hacerlo, pero me fallaba la actitud, el desde donde medito y para qué… y el mindfulness me trajo la respuesta. Empecé a investigar, y un vídeo de Matthieu Ricard hizo que algo dentro de mí hiciera «clic» y comprendí que ese era el camino.

Llevo desde aquella formándome y dirigiendo sesiones, y resumiría mi sentir en dos palabras:

Presencia y Amor.

La felicidad no es una sucesión interminable de placeres que terminan por agotamiento, sino una forma de ser; no podemos dejar que nuestra alegría, nuestra felicidad, nuestra paz, nuestro sosiego, nuestro bienestar, dependa de nuestras circunstancias favorables, sino que tiene que ser fruto de nosotros mismos.”

Matthieu Ricard

AGRADECIMIENTOS

Mi madre fue una persona para mi que yo defino como “campanilla”, hay muchas campanillas y mi madre era una. Son esas personitas que con solo su presencia uno se siente bien, abrigado, confiado, fuerte, feliz, abrazado, consolado y sobre todo libre. Ella fue la impulsora de que yo escogiera este camino, yo tuve una depresión durante muchos años y ella fue mi gran “árbol” protector y cada vez que yo quería escoger un camino diferente, por muy diferente que fuera a lo marcado socialmente, ella decía, “si eso te va a hacer feliz, adelante!!!” Prueba, investiga y equivócate y vuelve a empezar.

Agradezco la generosidad de mi familia, sobre todo cuando me ausento para las formaciones, gracias por permitirme seguir este camino, me siento afortunada.

Gracias.